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Por qué empezó todo

Posted: May 14, 2010 in Historias

Me he dado cuenta de que a veces confundimos el cómo y el por qué.

La diferencia es sutil, pero importante. Detrás del cómo suele haber una respuesta fácil o, cuando menos, una referencia: “No lo sé, pregúntale a Fulanito”. El cómo siempre tiene un agente, activo o pasivo, que hace que suceda.

Pero que tengamos los medios para llegar a algo no significa que los vayamos a usar. La aparición de las redes sociales no justifica su crecimiento exponencial, ni su éxito. Es el comó. Falta el por qué.

Esta es mi respuesta:

Hace años, cuando Terra todavía era Olé, empezó la comunicación online. ¿Qué recordáis de esta época? El modem hacía un ruido horroroso al conectarse, Internet ocupaba la linea telefónica y cada vez que llamaba alguien, se caía la conexión. Los chats empezaban a estar de moda, pero aun no era posible registrar los nicks, guardar las conversaciones o elegir un avatar. No había teléfonos móviles, o por lo menos eran innecesarios e innaccesibles para la mayoría de nosotros.

En esos años hice amigos online. Aparecían, desaparecían, iban a cybers, compartían sus datos personales con celo pero sin timidez, porque con algunos de ellos intercambiaba también correo postal. Todos eran desconocidos y tardé muchos años en verlos offline por primera vez. Aun así, era genial: Internet era un mundo de posibilidades en el cual lo interesante era encontrase con desconocidos.

El IRC (como el ICQ) fue la primera “red social” a la que pertenecí. Los #Canales y los @Nicks empezaron a significar algo. Poco a poco, se nos olvidó la idea inicial de conocer a gente nueva y empezamos a querer hablar con aquellos que ya eran nuestros amigos. No puedo evitar mencionar que así conocí (hace 9 años) al que todavía es mi pareja. Todos éramos amigos de amigos de amigos… y había una sensación general de confianza. Iniciabas sesión y de pronto estabas en una cafetería en la que no compartías nada más que conversación con la gente con la que hablabas.

Por aquellos años, además, empezaron a surgir como setas los Cybercafés, sustituyendo muchas actividades de ocio de mi generación. @Omume celebró en una ocasión su cumpleaños invitándonos a todos a una hora de conexión. Preguntando por anécdotas al respecto, son muchos los que cuentan como entraban en el IRC en grupo para conocer a otro grupo con el que ligar y quedar, un par de horas más tarde, en algún sitio físico. Algunos incluso pueden contar cómo se “escondían” para ver qué aspecto tenían las personas con las que se iban a encontrar antes de decidir quedarse en el encuentro real.

Y llegó un momento, unos años después, donde nos cansamos definitivamente de los desconocidos al azar y de darnos cuenta de que no tenemos nada en común con las personas con las que llevábamos meses chateando. Quisimos seleccionar, contar más sobre nosotros en menos tiempo. “A/S/L” empezó a ser el saludo más típico, buscando un vistazo general de la otra persona en menos de una línea. Creimos que nos aburría que los demás fuesen anónimos, pero en realidad nos aburrimos de serlo nosotros mismos.

Por eso nacen las redes sociales, para eliminar el anonimato de nuestras vidas y concedernos nuestros 15 minutos de fama potenciales. Y sucede que todos quisimos lo mismo al mismo tiempo y de forma “comunista”, si me permitís el término. Queríamos compartirlo todo, queríamos enseñarlo todo… y rápido. Queríamos evitar perder nuestro valiosísimo tiempo con desconocidos y centrarnos en la gente afín a nosotros, y para eso tenemos que enseñar quiénes somos nosotros. Ese es mi “por qué”.

Ahora nos enfrentamos a un mundo donde quizás nunca tengamos nuestros 15 minutos de privacidad. Pero es el mundo online que hemos querido, que hemos creado (y reclamado) como sociedad.

Y me encanta.

Bienvenidos a mi blog.

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