Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Steve Jobs, 1955-2011

Posted: October 6, 2011 in Uncategorized

We are deeply saddened to announce that Steve Jobs passed away today.

Steve’s brilliance, passion and energy were the source of countless innovations that enrich and improve all of our lives. The world is immeasurably better because of Steve.

His greatest love was for his wife, Laurene, and his family. Our hearts go out to them and to all who were touched by his extraordinary gifts.

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En los últimos meses he estado más activa en redes sociales de lo que había estado nunca. El flujo de conversación y de información que se está creando se ha creado, supera con creces la capacidad de los medios tradicionales.
Sin embargo, mi actividad se ha centrado en apoyar acciones que tienen lugar offline. Os dejo algunas fotos de lo que está pasando en Madrid.
Nos vemos en las calles!

Soy una persona

Posted: May 25, 2011 in Uncategorized

Yo soy una persona. Por motivos que desconozco, soy una mujer. Podría haber nacido hombre.

Camino en la vida desde hace poco, aunque empecé a andar nada más cumplir un año. Desde ese momento, fui guiada. Unas manos me han pasado a otras, de padres a profesores, de profesores a amigos, de amigos a compañeros. Creí sentirme sola, pero no era así: siempre tuve un lugar donde agarrarme. Ahora entiendo que estaba aprendiendo a encontrar los caminos por mí misma.

Ha habido cosas buenas y cosas malas en mi vida. Guardo muchos recuerdos, atesoro muchas imágenes. Lo más feo lo he olvidado, lo he perdonado, lo he ignorado o lo he superado. Me siento agradecida de haber tenido la suerte necesaria para llegar hasta el presente con la fuerza y la personalidad que tengo hoy. Me siento afortunada con las cartas que me han tocado, porque representan lo que soy.

Mis miedos, las causas de mi estrés, mi ira y mi tristeza vienen del mismo saco. Son una muestra del abanico de colores de mi alma. Si me agobia el volumen de trabajo que tengo, es porque me importa mi vida profesional. Si me pone triste no pasar tiempo con mi pareja, es porque me importa mi relación. Entiendo que lo que las emociones que más rechazo no son más que una intensa pasión por las decisiones que he tomado y un gran compromiso con el éxito de las empresas en las que me he implicado.

Tengo deseos, que son bellos. Son bocetos que mi corazón solicita y mi alma canta con y por ellos. No conseguirlos es, en ocasiones, frustrante. Hace que me pregunte si me los merezco, o si me estoy equivocando. Hace que me replantee si realmente los deseo. Soy un individuo que puede cambiar, rectificar y mutar; pero también elegir y perdurar en mi intento de conseguir mis objetivos.

Clasifico mis emociones en dos grandes grupos: las que me aportan algo y las que no. Las emociones con las que disfruto suelen ser las más proactivas, pero valoro la pasividad como parte esencial del paso del tiempo. Aprendo, igual que aprendí a hacer cosas, a no hacer nada. No me dejo amedrentar por el silencio que pueda existir, esté dentro o fuera de mí. Respeto mis ciclos, mis periodos de reflexión y la quietud que precede a las tormentas. Igual que mi cabeza necesita descansar para aprender, mi corazón necesita la ausencia de sonidos para fortalecerse.

En los momentos de más actividad, recuerdo por qué me esfuerzo. Me reafirmo en mis deseos. Puedo estar cansada, triste, estresada o iracunda, pero en el fondo estoy siendo feliz. Me esfuerzo en encontrar esa imagen dentro de mí, para que no se me olvide. Sé que no hay nada peor que enfrentarse a la vida sin nada positivo que aportar.

Busco la realidad de mis sentimientos bajo la superficialidad en la que vivimos, para no confundir la entropía del universo con el orden que quiero ser para el mundo.

Sobre mi generación

Posted: May 18, 2011 in Uncategorized

Pertenezco a la generación que lo ha tenido todo, que no ha pasado hambre, ni guerras, ni penurias. A la generación que ha tenido acceso libre a educación, tecnología y cultura. A la generación que creció con miles de golosinas diferentes, la que ha probado todos los chicles, y la que elige refrescos. A la generación que más influye en las compras, a uno de los públicos objetivo más interesantes y apetecibles para los anunciantes. A la generación que se gastó todo el dinero que no había ganado. No hay nada en el mundo que no podamos tener, porque nos lo ofrecen todo. Eso nos han dicho desde pequeños. Hemos sido pequeños príncipes y pequeñas princesas, caprichosos y materialistas. Tenerlo todo nos ha hecho mucho mal, y esto es algo que las generaciones anteriores a nosotros sabían que podía pasar, y aún así nos dieron.

Pertenezco a la generación que nunca ha tenido de qué quejarse, y lo sabemos. Muchos de los estímulos que recibimos nos han incitado a comprar, mientras que otros nos han incitado a contenernos porque tenemos mucho más de lo que deseamos. Somos la generación que había olvidado la diferencia entre “un poco” y “demasiado”, la que se hizo adulta creyendo que todo era posible, la que conoció y fue conocida en todo el mundo.

Pertenezco a la generación que ha consumido la mayor parte de la información generada en la historia. Hemos visto cientos de películas, escuchado música de todas partes del mundo y conocido, a tiempo real, los sucesos más importantes de la actualidad. Pero también pertenezco a la generación que está menos informada, a la que se ve acosada por información partidista y publicitaria sin ser consciente de las fuentes, la que ha asumido que la verdad proviene de la televisión, la que se ha acostumbrado a aceptar lo que le cuentan.

Pertenezco a la generación que ha aguantado. Como cuando nos retan a ver quién aguanta más tiempo debajo del agua, hemos asumido la carga de injusticias como forma de fortalecer nuestra quinta frente al referente de las anteriores. Era nuestro deber sufrir, porque siempre se nos ha echado en cara no haber tenido ocasión de hacerlo.

Y hemos aguantado. Hemos aguantado paro y precariedad. Hemos aguantado no poder independizarnos y que nos tachasen de vagos. Hemos aguantado que nos llamasen ni-ni, que dijesen que no tenemos valores, que dudasen de nuestra valentía y que nos acusasen de no interesarnos por la política, cuando ha sido la política quien ha perdido el interés en nosotros.

Pero se acabó: Ahora ya no somos el futuro: Somos el presente. Nos estamos incorporando al mercado laboral, empezamos a reconocer nuestro poder. Sabemos (poco a poco, lo sabemos) que llegaremos a algo, pero que lo haremos a nuestra manera. Nos toca darnos cuenta de que no tenemos deudas con el pasado, de que podemos hacer el mundo que queremos porque lo vamos a hacer nosotros.

Si las manifestaciones post 15-M no tienen un manifiesto todavía, es por una razón: No piden nada concreto. Quieren tomar el poder, seguir al pie de la letra la definición de democracia y lograr la participación de todos. Quieren que les dejen decidir. Queremos que nos dejen decidir.

Pertenezco a la generación que puede cambiar el mundo. Juntémonos en Sol a las 20.00 y decidamos cómo.


FourSquare es una red social basada en la geolocalización a través de dispositivos móviles. Es decir: FourSquare sabe dónde estás, sirve para compartir esa información y te permite ver esos mismos datos de tus amigos.

Sin duda, es la chica fea de las películas. Nos da miedo que sepan dónde estamos, y con razón. ¿Quién querría verlo? ¿Para qué? Pero como pasa en Hollywood, FourSquare se suelta el pelo, se arregla un poco y uno aprende a verla como la más atractiva del baile de graduación.

Como hemos hablado en el post Facebook no te lo impide, las redes sociales son carentes de ciertos aspectos esenciales en la socialización offline. Hay gente que sólo ve a sus amigos en Facebook, gente que sólo se divierte charlando en Twitter y gente que sólo se ríe en YouTube. Por supuesto, la aparición de las últimas generaciones de móviles nos permiten estar conectados 24/7 a estas redes sin tener la necesidad de sentarnos delante del ordenador. En teoría, este avance debería generar un ratio de socialización offline más alto, pero muchas veces sólo nos ahorra tiempo o sólo nos vale para enterarnos cuatro minutos antes. En el resto de los aspectos, las redes sociales en el móvil son innecesarias.

FourSquare cambia esto. El componente real se separa del componente offline, o (mejor dicho) el componente real se convierte en el online, dando lugar a la paradoja “Cuanto menos tiempo estés en la web de FourSquare, más estarás en FourSquare”. La historia es la siguiente:

Quedas con unos amigos en alguna plaza. Uno de ellos dice: “El otro día estuve en un sitio que estaba genial, tenéis que probarlo”. Imaginemos que el sitio en cuestión está cerca. Por supuesto, allá vamos.

Cuando llegamos, ¡maravilla! ¡Nos encanta el sitio! ¡Qué música, qué variedad de tapas, qué cervecita más bien tirada! ¡Tengo que traer a Fulanito! Hacemos Check In desde FourSquare. Esto quiere decir: “Aquí estuve yo”. ¡Voilà! Nos dan puntos por estar en un sitio nuevo, por hacer la primera parada del día… La ciudad se convierte en un tablero en el que jugar con y contra tus amigos. ¿Quién conoce más sitios? ¿Quién sale más? La vida social offline vuelve a definirse por los patrones habituales. Recordamos la importancia de la pandilla, de salir por ahí y de conocer sitios nuevos. En FourSquare ya no importa tanto cuántos amigos tienes, sino qué haces con ellos.

Aunque la aplicación en sí está todavía en una clara fase de desarrollo, vamos a ver llegar a nuestros teléfonos móviles más y más opciones de comunicación. Eventualmente podremos unirnos a la fiesta sin tener que llamar, mandar mensajes o quedar por adelantado. ¿Dónde han hecho Check In mis amigos por última vez? Pues allá me voy.

Y hay una cosa más: el negocio. Lo más interesante de FourSquare para las empresas es que a través de esta red no obtienen visitas a su web, sino visitas reales a sus establecimientos. Esto les permite ofrecer promociones personalizadas. Me explico: Si eres la persona que va más a un sitio, te conviertes en mayor. El mayor puede recibir una bebida gratis, un postre gratis o lo que el establecimiento buenamente quiera ofrecerle. Ya hay cadenas que ofrecen descuentos a las diez primeras personas que hacen Check In cada día. Y es que ¿cómo no vas a volver a un sitio que te ofrece tratarte mejor si vas más?

FourSquare es, desde ya, la niña bonita de mi móvil. Y pronto lo será del tuyo.


NOTA: Antes de empezar a leer este artículo, fíjate en qué hora es. ¿La tienes? Bien. Continúa, por favor.

Dice la teoría de la relatividad de Einstein que la percepción del espacio y el tiempo depende del estado de movimiento del observador o es relativa al mismo. Fue revolucionaria en su momento y lo sigue siendo por la definición del tiempo como una variable, en vez de una constante. Aunque puede parecernos abstracto, es algo que experimentamos varias veces cada día (sobre todo si no llevamos reloj). ¿Podrías decir cuánto dura una película sin mirar la hora? Si te ha gustado, probablemente te hayan parecido veinte minutos; pero si es la película más aburrida que has visto ¡es posible que te parezca que ha durado cuatro horas!

No es que el tiempo pase más rápido o más despacio, es que el tiempo es diferente para el que se aburre y el que se divierte. El tiempo tiempo objetivo es el mismo, mientras que el tiempo percibido varía en función de nuestra experiencia.

Hay otro factor más en el juego: la velocidad de la interacción. En una llamada de teléfono o en un encuentro físico, el emisor y el receptor intercambian sus papeles varias veces en segundos objetivos. En este tipo de interacción el tiempo objetivo y el percibido son, en principio, bastante similares. En el caso de que nuestro interlocutor no consiga captar nuestra atención, el tiempo percibido se ralentizará ilimitadamente y nos parecerá que nos hemos quedado sin pilas en el reloj. Pero si la conversación fluye de una forma relajada, el tiempo percibido comenzará a disminuir: las personas involucradas generan un solo discurso con dos o más voces. Este es el caso típico de “Quedé con unos amigos y se me pasó el tiempo volando”.

Estas modificaciones del tiempo percibido son naturales: sabemos que la clase de primera hora nos va a resultar larguísima (porque el profesor es muy aburrido) o que el viaje que tenemos este fin de semana nos parecerá un instante (porque estaremos con unos amigos a los que hace meses que no vemos). Es por ello que la entrada en la ecuación de una nueva variable a la que no estamos acostumbrados y con la que no contamos nos desconcierta. Se trata del lag.

El lag (entendido como el retraso en la llegada de los mensajes en un sistema de telecomunicación) es lo que diferencia una conversación a cara a cara de otra en un chat o red social. Creemos que estamos hablando a tiempo real porque esperamos a la respuesta del otro antes de seguir con nuestro discurso, pero hay unos cuantos segundos objetivos de diferencia que no estamos percibiendo. Esto hace que el tiempo objetivo sea mayor que el tiempo percibido, estemos divirtiéndonos o no (aunque si además nos divertimos, ¡la diferencia es todavía más acusada!).

Esta la principal causa de que enredemos online hasta la madrugada, de que pensemos que hemos pasado un minuto en Facebook cuando ha sido casi media hora y de que nos digamos “Me quedo un cuarto de hora más” y pase hora y media.

Hasta que la velocidad a la que nos conectamos a Internet sea mucho mayor que la que tenemos hoy en día, y hasta que tecleemos tan rápido como hablamos, sólo tenemos una opción ante esto: asumir que el tiempo percibido es menor que el real debido a una característica propia del entorno en el que nos estamos comunicando.

¿Cuánto tiempo crees que le has dedicado a leer este artículo? Mira el reloj. ¿Cuánto tiempo ha pasado en realidad?


¿Cuánto tiempo le dedicas al día a sentarte con tus amigos en una terraza, a hablar cara a cara, a escuchar sus problemas y anécdotas y a compartir tus experiencias con ellos en un entorno no-online? El tiempo que tardas en llegar hasta donde has quedado está fuera del cómputo. Ahora, echa las cuentas.

¿Cuánto tiempo le dedicas a las redes sociales, el e-mail no profesional, los SMS y los chats al día? La mayor parte de las veces que entras en Facebook “un minutito” y sales, en realidad han pasado siete minutos.  Ahora, echa las cuentas. Sé sincero contigo mismo, y recuerda que no estamos hablando de calidad, sino de cantidad.

Incluso si eres de los afortunados con mucho tiempo libre y amigos con la misma disponibilidad, es probable que la mayor parte de los días pases más rato online que con ellos. A fin de cuentas, Internet nos ofrece una forma lógica y cómoda de gestionar nuestra vida social.

A veces nuestros mejores amigos viven lejos. Las redes sociales son un gran sistema para mantenernos en contacto con ellos hasta la siguiente oportunidad de verlos. Muy poca gente percibe como algo malo usarlas para estos casos.

Pero ¿y la gente con la que podrías quedar a tomar algo cualquier día? Nos da tanta pereza llamar que decidimos mandar un e-mail preguntando por las novedades, permitiendo que la otra persona responda cuando pueda.  O vamos a casa directamente después del trabajo y en cuanto llegamos al sofá nos damos cuenta de que ya no nos apetece salir. O les felicitamos el cumpleaños, el ascenso, la boda… en Facebook en vez de intentar verles. Este comportamiento se considera antisocial e inferior. Todo el mundo puede tener cientos de amigos en una determinada red, pero eso no representa su perfil social offline. Exaltar esta forma de comunicación y defenderla por su comodidad, rapidez y su bajo nivel de intrusismo (tanto para el emisor como para el receptor) hace saltar alarmas.

Pero ¿qué alarmas? Se trata de las agujas de la alusión, que nos hacen responder: “Pues yo prefiero quedar a tomar un café”. Tenemos miedo a que piensen que pasamos más tiempo chateando que hablando. Lo curioso es que muchas veces estos comentarios aparecen en online. La verdad es que aunque nos gustan las redes sociales, nos decepcionan por el bajo ratio de socialización offline que generan. No nos gusta reconocer que pasamos la tarde en Tuenti cuando sabemos que tomar unas cañas es una forma más sana de relacionarse.

¿Y qué hace las relaciones offline más sanas que las online? La concentración. Al dedicarle a alguien todos los componentes de nuestro presente, nos involucramos en el momento y percibimos no solo sus palabras sino también su expresión no verbal (inexistente en la mayor parte de las relaciones online). Cuando nos comunicamos a través de un ordenador es poco probable que ésa sea la única cosa que estamos haciendo. ¿Cuántas pestañas tienes abiertas mientras lees este artículo? ¿Con cuánta gente hablas simultáneamente a través del MSN? La concentración humana es lo único que consigue transmitir empatía, y la empatía es lo que nos hace ser buenos amigos, vecinos, trabajadores, novios… Es insustituible. Admitámoslo. Si alguna vez has estado al teléfono con alguien que está comprobando el correo al mismo tiempo, sabes de qué estoy hablando. Somos conscientes de que la otra persona no nos está prestando toda su atención, y eso hace que nos sintamos menos importantes para él o ella.

Pero para mantener el número de contactos que queremos, ni siquiera nos llega con llamar. Y estamos demasiado ocupados como para ver a cada persona con la frecuencia que nos gustaría y dedicarles el tiempo que se merecen. De ahí lo maravilloso de las redes sociales: nos permiten involucrarnos en la vida de los que son importantes para nosotros y participar activamente en ella sin focalizar nuestra atención durante periodos de tiempo largos y seleccionando a través de sus actualizaciones aquellos contactos que tienen algo que contar.

Las relaciones offline son más enriquecedoras. No me cabe duda. Pero las relaciones online son más útiles y más prácticas ya que nos permiten mantener el contacto con toda la gente que ha pasado por nuestra vida. No nos avergoncemos de disfrutar de Facebook, de las interminables conversaciones frente al ordenador ni de comprobar el mail cada poco; pues son demostraciones de nuestro interés y compromiso para con los demás y en ningún caso excluyen quedar a tomar un café, sino que amplían el abanico de posibilidades de socializar.

Que nadie se dé por aludido. Disfrutemos con lo que nos gusta y usémoslo con criterio. Si quieres ir a tomarte una caña con tus amigos, hazlo. Facebook no te lo impide.